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Rocha, Estados Unidos y el viejo fantasma de la narcopolítica

Durante años, la política mexicana aprendió a convivir con un secreto a voces: el poder del narcotráfico no terminaba en las brechas, laboratorios o rutas de trasiego; también alcanzaba estructuras económicas, empresariales y políticas. Lo verdaderamente excepcional no era la sospecha, sino el silencio institucional que siempre la rodeó.

Por eso el caso de Rubén Rocha Moya representa algo distinto. No por tratarse del primer gobernador señalado públicamente por presuntos vínculos criminales, sino porque ahora el señalamiento proviene directamente de United States, en medio de la peor crisis de fentanilo que ha enfrentado ese país y bajo una presión política interna que exige resultados inmediatos.

Rocha llegó al poder como parte de la consolidación territorial de Morena en el norte del país. Académico, operador político y figura cercana al obradorismo, representaba la estabilidad política en un estado históricamente marcado por la influencia del Cártel de Sinaloa. Sin embargo, la aparente calma nunca logró esconder del todo las tensiones internas, los reacomodos criminales y la creciente percepción de que la gobernabilidad en ciertas regiones dependía más de equilibrios informales que de control institucional real.

La captura y posterior crisis derivada del caso de Ismael “El Mayo” Zambada terminó alterando ese equilibrio. Desde entonces, comenzaron a aparecer filtraciones, testimonios y versiones sobre investigaciones estadounidenses que, según diversas fuentes, no solo buscaban operadores criminales, sino también posibles redes de protección política.

El golpe terminó llegando de manera frontal: acusaciones públicas, investigaciones abiertas y una narrativa desde Washington que parece abandonar definitivamente la vieja práctica diplomática de “cooperación discreta”. El mensaje es claro: Estados Unidos ya no pretende limitarse a perseguir capos; ahora también quiere señalar a quienes considera piezas funcionales dentro del sistema.

El problema para México es profundamente incómodo. Porque aunque jurídicamente aún no exista sentencia ni culpabilidad comprobada, políticamente el daño ya ocurrió. La simple sospecha de vínculos entre gobierno y crimen organizado erosiona instituciones, fractura la narrativa oficial y revive uno de los temas más delicados de la vida pública nacional: la posible normalización de la narcopolítica.

Sin embargo, en medio de la tormenta, también aparece un fenómeno recurrente en la política mexicana: la dispersión mediática. Mientras el caso Rocha escala internacionalmente, comienzan a surgir otros temas capaces de absorber conversación pública y dividir la atención nacional. Uno de ellos fue la reciente declaración del titular de la Secretaría de Educación Pública, quien adelantó posibles modificaciones al calendario escolar antes de un anuncio oficial completo, generando inmediatamente debate en redes, medios y sectores educativos.

No sería la primera vez que una crisis política de gran tamaño termina diluyéndose entre nuevas polémicas, discusiones sociales o agendas paralelas cuidadosamente amplificadas. En México, la velocidad del escándalo suele competir con la velocidad del olvido.

La gran pregunta no es únicamente si las acusaciones contra Rocha prosperarán judicialmente. La verdadera interrogante es si el país está dispuesto a sostener la discusión de fondo sobre la relación entre poder político, crimen organizado y gobernabilidad… o si, una vez más, todo terminará enterrado bajo el siguiente tema viral de la semana.

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Sasil, Llaven o Aparicio, quien para 2030?

Con exagerada anticipación en Chiapas rumbo a la sucesión gubernamental en 2030, estos tres perfiles ya figuran en las "conjeturas políticas" locales, cada uno con fortalezas y retos distintos según el panorama actual:

Sasil de León Villard, es vista como una de las figuras femeninas con mayor trayectoria legislativa (diputada local, diputada federal y dos veces Senadora). Su posicionamiento nacional y su cercanía con las estructuras de poder la mantienen como una carta fuerte para la gubernatura.

Jorge Llaven Abarca, el actual Fiscal General del Estado ha construido una plataforma basada en la seguridad y gobernabilidad. Su estrategia "seguridad desde lo local" y su presencia constante en operativos de alto impacto lo perfilan como el candidato del "orden", un tema prioritario para el electorado chiapaneco de cara al 2030.

Óscar Aparicio Avendaño, como  Secretario de Seguridad del Pueblo, ha trabajado en estrecha colaboración con Llaven Abarca, incluso siendo coautor del libro "Chiapas, camino a la paz". Su perfil es más técnico-operativo, pero su visibilidad en la pacificación del estado lo coloca como un actor relevante en la mesa de sucesión. 

¿Qué definirá la balanza?

Existe una fuerte corriente que sugiere que el próximo gobierno de Chiapas (2030-2036) debería ser encabezado por una mujer, lo que daría ventaja a Sasil o a otros perfiles entre los que se mencionan también a Patricia Armendáriz Guerra y María Elena Orantes.

Si el estado continúa enfrentando retos de violencia, el electorado podría inclinarse por perfiles como Llaven o Aparicio.

Todas y todos los aspirantes según el apoyo que reciban desde el centro del país y la estructura del partido en el poder, serán determinantes en sus aspiraciones.

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Empieza a calentarse el ambiente preelectoral en el estado de Chiapas.

Para las elecciones de 2027 en Chiapas, el panorama se define por un dominio consolidado de Morena, una posible reconfiguración de alianzas con el Partido Verde (PVEM) y la irrupción de nuevas fuerzas políticas locales. 

El partido oficialista mantiene el liderazgo en las preferencias electorales en la entidad. 

El Consejo Nacional de Morena ya ha definido rutas para la selección de coordinadores y candidatos, buscando fortalecer su base territorial bajo el liderazgo de figuras locales como el actual gobernador Eduardo Ramírez Aguilar.

Aunque históricamente han sido aliados, existe la posibilidad de una fractura o una competencia diferenciada en 2027. Voceros del PVEM han manifestado que el partido tiene la capacidad para competir en solitario en diversos municipios y distritos, lo que elevaría la competencia interna dentro del bloque oficialista.

Partidos tradicionales como el PRI y el PAN enfrentan un futuro incierto. Analistas locales sugieren que, de no consolidar una estrategia unitaria sólida, podrían enfrentar una derrota que los margine significativamente del mapa político estatal.

Al menos cuatro organizaciones civiles han iniciado trámites ante el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana, para constituirse como partidos políticos locales y participar en la contienda, lo que fragmentaría aún más el voto opositor. 

La seguridad pública se mantiene como la principal preocupación institucional de cara al proceso, con el reto de garantizar condiciones de paz para el ejercicio del voto en zonas con tensiones sociales o presencia de grupos delictivos.

Un componente novedoso para 2027 será la implementación de la elección de diversos cargos del Poder Judicial del Estado, proceso para el cual el IEPC ya ha conformado grupos de trabajo estratégicos.Calendario Adelantado: A diferencia de procesos anteriores, la carrera electoral ha comenzado de forma anticipada. 

Se prevé que Morena tenga listas sus candidaturas para diputaciones y alcaldías hacia finales de 2026 presionando a las demás fuerzas políticas a acelerar sus procesos internos.

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