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La mula no era arisca...

         El nuevosistema de justicia penal entró en vigor en 2016 en todo el país. Aquí se puso en marcha en marzo de ese mismo año y el reto es garantizar que la impartición de la justicia sea equitativa, imparcial, objetiva, pronta y transparente.

            En una sociedad cansada por el desprestigio de las instituciones por tantos escándalos de corrupción, este modelo de justicia ciertamente no despertó las mejores expectativas pues la opinión inmediata es que, con él, los delincuentes tendrán más puertas anchas para la impunidad.

            Vaya, la mula no era arisca. La hicieron arisca a palos. Así, es mucho lo que los tres niveles de gobierno tienen qué hacer para dar certidumbre a la sociedad de que, en efecto, este sistema de justicia deberá ser más confiable para atacar de lleno uno de los grandes flagelos de este país: la impunidad y las complicidades.

            El caso de la secuestradora Florence Cazzes liberada por magistrados sinvergüenzas que se prestaron a pactos políticos, hecho que representó una bofetada franca al rostro de la sociedad; o el caso del peligroso asesino Alfonso González alias El Chucky a quien una juez corrupta mandó a la calle pese a todas las evidencias en su contra, son sólo dos ejemplos de lo podrido que históricamente ha estado el aparato de justicia (cursivas, por obvias razones) en México, por eso la sociedad ya no cree en los hombres y mujeres responsables de administrar justicia a secas.

            ¿Cómo creer cuando vemos tanta podredumbre? ¿Cómo creer si vemos que el dinero, el tráfico de influencias, las confabulaciones y los arreglos políticos subterráneos han torcido la impartición de justicia para acomodarla a corruptos, ladrones y criminales?

            No, pues así cómo.

            Por eso nos parecen acertadas las declaraciones de la abogada Susana Palacios García, parte de la estructura de la Fiscalía General del Estado, quien dijo que el nuevo Sistema de Justicia Penal ofrece beneficios claros a la ciudadanía, entre los que destacan la reducción del tiempo de un proceso penal que antes podía tardar años y hoy en tan sólo seis meses fue resuelto un caso por delito grave como homicidio.

            La abogada Palacios puso el dedo en la llaga:  “En ocasiones la ciudadanía considera que este nuevo sistema permite que los delincuentes queden libres, sin embargo es todo lo contrario: lo que ofrece es que los verdaderos delincuentes sean procesados y castigados con todo el peso de la ley”.

            Se refirió al expediente de un hombre que, enloquecido de ira, mató a tiros a dos personas e hirió a otras cuatro en la colonia Patria Nueva de Tuxtla Gutiérrez, en octubre de 2016. Hoy el sujeto ha sido condenado por un juez a purgar una sentencia de 84 años.

            Lo que sigue es una  buena asepsia, una profilaxis integral de jueces, ministerios públicos, secretarios y empleados que todavía son tocados por las ambiciones o la corrupción para encorvar la aplicación de la justicia.

            No sólo es necesario tener los instrumentos para aplicar correctamente la justicia. También necesitamos que esos instrumentos estén en manos de gentes honestas y confiables para que, por fin, la impunidad se vaya desterrando paulatinamente.

 

            Sólo entonces nuestra madre Temis podrá estar tranquila. Y nosotros también.

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